Leyenda de San Virila.   (Narrada por el Abad San Virila.)

 Por aquel entonces, me sentía yo atormentado a causa del dilema de la eternidad y las  dudas me asaltaban sin cesar. Rogaba a Dios, Nuestro Señor, para que me ilustrara  acerca de este misterio y encendiera la luz en mi corazón. Una tarde de primavera,  como lo hacía habitualmente, salí a pasear entre los frondosos árboles de la sierra de  Leyre.

Fatigado, me senté a reposar junto a una fuente, y allí permanecí absorto e  hipnotizado escuchando el hermoso canto de un ruiseñor.
Tras lo que para mí fueron unas horas, retorné al monasterio, mi hogar. Al rebasar la puerta principal, ningún hermano monje me resultaba familiar. Deambulé por las distintas dependencias, sorprendiéndome con cada detalle y comprendiendo que algo extraño estaba sucediendo.
Al darme cuenta de que nadie me reconocía, me dirigí al Prior, quien atónito, escuchó mi historia con atención. Nos encaminamos a la biblioteca para intentar descifrar este enigma y revisando antiguos documentos, descubrimos que «hacía trescientos años, un monje santo, llamado San Virila, había gobernado en el monasterio y había sido devorado por unas fieras en uno de sus paseos primaverales».
Con lágrimas en mis ojos, comprendí que ese monje era yo y que Dios, por fin, había escuchado mis plegarias.

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