Europa se hizo peregrinando” dijo Goethe.

La idea de una Europa unida y solidaria comenzó a forjarse durante la Edad Media en un punto de encuentro, el camino a Santiago de Compostela, donde confluían gran número de personas procedentes de los países europeos que, movidos por su fe, querían visitar el Sepulcro del Santo Apóstol Santiago.

Los primeros peregrinos no eran conscientes en su trasiego que, al intercambiar noticias, ideas y puntos de vistas tanto entre ellos como con los habitantes de los pueblos de la ruta Jacobea, estaban poniendo los cimientos en la construcción de una identidad europea, cuya primera muestra se fraguó en una concepción común del arte que aún puede reconocerse en las numerosas iglesias y catedrales de toda Europa.

En el siglo X, la peregrinación a Compostela era un hecho consolidado en la cristiandad. Aparece una nueva terminología, la de peregrino: viajero a Compostela. La peregrinación, junto a las cruzadas, se convierte en motivo principal del viaje medieval. Los caminos se llenan de gentes de las más diversas capas sociales que bajo devotionis causa, deambulan por pueblos, abadías, santuarios y ciudades.

Los primeros peregrinos recurrieron al entramado de las calzadas romanas, sobre todo a la Vía Aquitania, que unía Burdeos con Astorga, a través de Vitoria y Briviesca. En Francia, además de ésta, se consolidan otras tres grandes vías que desde París, Vézelay, y Le Puy entran en Roncesvalles, y una cuarta que desde Arles va a Somport.

Aprovechando este trasiego de personas Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de León desplazan la ruta para repoblar territorios reconquistados abriendo un nueva ruta que discurre por Estella, Logroño y León. Este camino terminará conociéndose como Camino Francés, y será el más transitado de todos.

Aquella corriente humana que puso en marcha el concepto Europa, tenía una sola meta: la basílica de Santiago, que crecía a medida que aumentaban las peregrinaciones.

Europa se hizo peregrinando.